martes, 11 de junio de 2013
La sombra
La sombra, estilizada, se reflejó de repente sobre el Mickey Mouse que adornaba la pared de su cuarto.
Aquella era sin duda la silueta de quién le tranquilizaba contándole cuentos en las noches de tormenta, de quién lo comía a besos al recogerlo del cole, de aquella que parecía feliz a los ojos de todos. Brillante y luminosa estrella en la calle pero triste y taciturna luna cuando la oscuridad llegaba a casa.
Sonrió al verla convencido de la proximidad de un abrazo, pero su boca se tornó en mueca al oler desde su cama el miedo y la desesperación de su madre.
Aquel olor no era desconocido para él. Se había convertido en algo cotidiano solo superado por el aroma a alcohol que acompañaba siempre a su padre.
El mismo que acababa de entrar en su habitación llenándola de gritos y rompiendo en su locura a "Brisa", su pequeño caballo de madera.
Sintió escalofríos y elevo inconscientemente sus rodillas hasta el frágil pecho mientras las rodeaba con sus brazos.
Asustado tapo su cara con las sabanas justo hasta debajo de sus ojos, lo justo para poder ver que ocurría.
Frente a él, en una esquina de su pequeño reino, la maldita e inmensa oscuridad golpeaba sin descanso a la delicada sombra que entre lágrimas suplicaba que parara, que no le pegara más.
Quiso saltar de la cama, plantarle cara a la interminable noche que nunca daba tregua al día como lo habrían hecho los superhéroes de sus comics, pero se sabía pequeño e impotente ante la sinrazón.
Todo aquello era un dejà vu, una escena dolorosa vivida demasiadas veces, pero que aquella noche tenía un giro imprevisto.
Fue muy rápido. Un destello metálico reflejado en los planetas que su lámpara dibujaba en el techo, un gemido seco y mortecino, pecas rojas sobre la pared blanca y el silencio.
Su madre ya no lloraba, tan solo era un ovillo manchado a los pies de su maltratador.
Observo cómo este limpiaba la navaja en su camisa y como giraba su cabeza con los ojos inyectados en sangre clavados en él.
Y termino en su ingenuidad por tapar sus ojos con las sabanas,, tal como su madre le había enseñado a hacer para convertirse en el hombre invisible.
viernes, 5 de abril de 2013
PREMIOS ADRIANO ANTINOO 2013
Estos premios son un reconocimiento a aquellas personas que han contribuido, de alguna forma, a conseguir la igualdad sin discriminación por razones de sexo u orientación sexual.
La primera edición se celebro en el año 2012, siendo en aquella ocasión los premiados, Amparo Rubiales, Armand de Fluvia, Beatriz Gimeno, Jorge Cadaval y Pedro Zerolo, más una mención honorífica a la desaparecida Maria Fulmen.
En esta ocasión los galardonados son Boti García Rodrigo, Carla Antonelli, Marcos Rodríguez Gálvez y Manuel Luis López Molero, Maria del Mar Gonzalez Rodríguez, Vicent Bataller y Perello, con una mención honorífica al centro asociativo de Barcelona Casal Lambda.
Por mi parte, como autor de este humilde blog, me alegra especialmente el premio otorgado a quienes considero mis amigos, Marcos y Manuel.
Hace ya unos años que los conocí, y dejando a un lado los motivos de este premio, valoro especialmente su calidad humana y personal.
Estoy convencido que muchos de los que reniegan de una familia como la suya, solo tendrían que pasar cinco minutos con ellos para dejar sus prejuicios a un lado.
No hay mejor familia que la basada en el amor y el respeto, y en eso ellos son un ejemplo para muchas de esas mal llamadas familias convencionales.
Vaya mi pequeño homenaje hacia ellos desde aquí, y solo desearles que no cambien nunca.
Un abrazo amigos.

domingo, 13 de enero de 2013
La deuda
Al despertar, posiblemente por el fuerte dolor de cabeza que
tenía, note que aquella maldita luz de neón parpadeante ya no se filtraba entre
las rendijas de mi ventana. La habitación estaba oscura como nunca antes lo había
estado y curiosamente tras tantos años de farfullar y maldecir por esa
iluminación rojiza de mi cuarto, me sentía un poco agobiado ante la falta total
de claridad.
Por un momentome sentí ciego y sordo por la falta de
sonidos, aunque caí rápidamente en la cuenta de aquellos cristales antiruidos
que decidí instalar al poco de vivir allí.
Volví la cabeza para descartar la ceguera y suspire con
alivio al ver parpadear las 3:30 en el despertador digital que había sobre mi
mesita de noche.
Aun así presentía que algo no iba bien. Era la primera vez,
desde que vivía en esta maldita casa, que el puticlub de abajo cerraba antes de
las cinco de la mañana. Tal vez el “Angello” no era el mejor lupanar de Madrid,
pero a clientela no le ganaba nadie. Quizás fueran sus cubatas a ocho euros,
los más baratos de todas las güisquerías de la ciudad, o tal vez en su momento los grandes
y famosos pechos de Susana. Las mejores tetas del ramo según reconocían puteros
de postín, los mismos que antes pagaban por un rato de placer con ella, mi mujer.
Es curioso lo rápido que había pasado todo.
Cuando la conocí, sumido en una gran depresión, me costó
cincuenta euros y una copa de güisqui, media hora con ella. Mi primera vez, mi
primera mujer y en un lugar que por mis convicciones católicas había jurado siempre
no pisar. Ella acababa de llegar de Rumanía y para cuando se acrecentó su fama
siguió ganando lo mismo pero su proxeneta subió el precio hasta los 100€. Esto
en un club de alterne de segunda categoría era, digámoslo así, el tope de gama.
Fueron muchos cientos de euros los que gaste y en cada uno
de ellos crecía en mí un sentimiento difícil de explicar. Tarde en reconocerlo,
ya que nunca antes lo había experimentado. Cuando entendí lo que me pasaba,
aunque confundido, no lo dude y una noche le pedí que se casara conmigo. Acabábamos
de echar un polvo y era la primera vez que me atrevía a decirle unas palabras.
-
¿Quieres casarte conmigo?, - le dije -.
-
¿Pero está usted loco? Nunca abrió la boca, y, ¿lo hace
para pedirme esto?...
Aquel día no dije nada más, me subí los pantalones y me
marche rápidamente. Tras aquello no volví a tener sexo con ella durante meses. Subía
a su habitación todos los sábados, previo pago, y durante los mejores treinta
minutos de la semana charlábamos sobre su vida y la mía.
Me contó que había pagado mucho por venir a España con la
promesa de poder trabajar aquí como empleada del hogar, pero que al llegar la
habían metido en ese maldito antro y que si escapaba antes de pagar su deuda
matarían a toda su familia. Me contó que
era infeliz, que tenía mied, y que le daba asco lo que hacía pero que conmigo se sentía bien. Que yo era el único hombre con quien se encontraba segura.
Y un día, sin yo esperarlo ni volvérselo a preguntar, me
dijo que sí, que quería casarse conmigo pero que no podía dejar aun su
trabajo.
Me sentí tan feliz que la cogí en mis brazos y esa noche después
de tantas con sexo y sin él, hicimos el amor.
Al día siguiente conté la noticia a mis padres y a mi único
hermano con la esperanza de que la aceptaran de la mejor manera.
La primera en reaccionar fue mi madre y no asimilo bien la
noticia.
-
¡Con una puta!, ¡con una puta te vas a casar! ¿En que
hemos fallado hijo, dime, en que hemos fallado tus padres? – gritaba mientras
lloraba -
Mi padre fue todavía más duro.
-
Toda la vida pagándote unos estudios, una buena
educación y ahora te vas con la primera pelandrusca que te la pone tiesa. Lárgate
de esta casa y no vuelvas más.
Y mi hermano se burlo de mí.
-
Joder yayo y esta qué, ¿la chupa bien? Jajaja, ten
cuidado no pilles la gonorrea, jajaja. Menudo pringao, te va a sacar hasta los
ojos.
Yo mande educadamente a todos a la mierda, cerré la puerta
de casa y me fui.
Peor fue convencer al dueño del prostíbulo de que, “su mejor
empleada”, no volvería a trabajar allí. No iba a aceptar que aquel individuo
siguiera explotándola.
-
Chico, esta es la que más dinero me deja, si crees que
se va a ir de aquí sin más, sin pagar su deuda, estas muy equivocado. Tengo
muchísimas chicas y no sería un buen ejemplo, ya me entiendes.
-
Sabe, -le dije, sacando valor de donde nunca lo tuve-,
no me importa lo mas mínimo lo que le deba y menos aun me importa lo que
puedan pensar sus chicas. Ella se viene conmigo y procure que nadie la
moleste, o no dudare en denunciarlo y arruinarle la vida. ¿Me entiende usted?
Hubo muchos más insultos y amenazas mutuas, pero cuando
comprendió que no me echaría atrás, no dijo nada mas, se limito a mirarme
fijamente y a cruzar su cuello con su dedo índice.
Susana no volvió a pisar aquel lugar y cinco días más tarde
nos casábamos en los juzgados de Madrid, solos, sin nadie que nos acompañara.
Podíamos haber alquilado cualquier otro piso pero decidimos
quedarnos justo en este, enfrente mismo del “Angello”.
El mismo donde somos felices, el mismo que ahora está
totalmente a oscuras, silencioso, el mismo donde hace un rato he despertado aturdido, algo desorientado, como si estuviera drogado.
Estiro mi mano para encontrar a Susana, para decirle que me
encuentro mal, pero no hay nada al final de mi brazo, solo el vacio.
Me incorporo en la cama de forma súbita y de repente mi
boca sabe a hiel y mis manos empiezan a temblar.
De un salto alcanzo la ventana, abro las persianas y de
manera instintiva fijo mi vista en aquel letrero que tanto odio.
Esta oscuro, apagado, pero entre las enormes piernas cruzadas de aquella odiosa chica de neón puedo ver una silueta desnuda iluminada por las sirenas de varios coches de policía. Atada
por sus muñecas a aquellos grandes tacones habitualmente rojos y ahora en
penumbra. Crucificada de alguna forma a su particular Monte Calvario.
Sobre su cabeza, en forma de corona, su epitafio:
“Con la muerte, se acaban las deudas”
miércoles, 5 de diciembre de 2012
El lobo y las ovejas. Opinión.
Cuando la pena da lastima a la tristeza, es que algo va mal.
Cuando vives en un país donde los medios nos venden a diario
una realidad programada, donde los poderosos manejan esta crisis-estafa que
tanto les beneficia, y donde tú gobierno incumple sus promesas electorales sin ningún
pudor (porque son los mismos de la frase anterior), es que algo va mal.
Si para ser autónomo hay que pagar con sangre tu negocio,
pero a los ladrones se les perdonan sus pecados en forma de “amnistía fiscal”,
es que algo va mal.
Si a los que podían comer carne y pescado todas las semanas,
lavarse las manos con agua caliente, llevar a sus hijos al dentista a arreglarles
la boca, tener una cama donde dormir y un techo donde guarecerse… si a todos
esos ahora les dicen que vivían por encima de sus posibilidades, es que algo va
mal.
Si a los bancos (los que realmente han vivido y continuaran
viviendo por encima de sus posibilidades) se les rescata con nuestro dinero, y
a las familias se las desahucia sin darles alguna alternativa real, es que algo
va mal.
Y si encima nos han convencido de que comer carne y pescado,
tener agua caliente, llevar tu hijo al dentista, y tener una cama donde dormir,
es un lujo, entonces es que algo va realmente mal.
Porque, sí, claro que alguno hubo que mancho de escayola y
cemento el Mercedes que compro creyéndose un “Díaz Ferran” de la vida. Porque,
sí, a mi también me enterró en dinero algún amigo mío que creyó ser por
momentos el amo del pueblo, y al que ni antes envidiaba, y ahora es imposible
envidiarlo. Y, sí, también hubo quien hizo mansiones con el dinero del banco,
creyendo que el banco era poco menos que suyo.
Pero la realidad es que en la “España del todo va bien” la mayoría
continuábamos sin mansiones, yates, grandes coches, ni lujos. La realidad es
que seguíamos llevando nuestros hijos al campo los fines de semana a comer una
humilde tosta con sardinas, e íbamos a trabajar solo para subsistir.
Ahora nos niegan el pan, la vivienda, el trabajo… mientras,
ellos, los poderosos, nos convencen de que poder aspirar a tener sus mismos
privilegios y prebendas, no esta bien. Que si naces en familia humilde, debes
ser humilde toda la vida, y si es posible tan humilde (incluso pobre mejor),
que te conformes con sus migajas. Que eso de la sanidad gratuita (no dice lo
mismo mi nomina todos los meses, gratuita no ha sido nunca) y la educación
publica, no es posible. Mejor privatizarlas, que ya ellos se encargaran de gestionarlas
para ganar mas dinero. Que ser rico (que no feliz, son tan pobres que solo
tienen dinero) es un derecho de pernada exclusivo de su casta.
Que no te engañen, solo les interesa su poder, para ellos
solo somos mano de obra barata y borregos a los que esquilar.
No contamos para ellos.
Salvo, claro está, en campaña electoral.
martes, 25 de septiembre de 2012
Mala estrella
Este es un relato que sin saber como perdí en el blog, y posteriormente no encontraba la copia en mi ordenador. Hoy he podido recuperarlo con la ayuda de un amigo informático. Lo publico por tanto de nuevo.
MALA ESTRELLA
Aunque algunos no lo quieran ver es un hecho contrastado, que
algunos nacen con una flor en el culo y otros como es mi caso tenemos por
flor un cardo.
Y digo esto convencido ante la tozudez de los acontecimientos que
han rodeado mi vida.
Todo comenzó en el mismo momento de mi nacimiento.
Aquel día las estrellas se alinearon en mi contra formando un puño
del cual solo sobresalía el dedo corazón, constelación también conocida por el
bonito nombre “Que te jodan”.
No acabaron ahí los indicios de lo que estaba por venir, ya que
pocos días después murió aplastada por un piano de cola la matrona que atendió
el parto, se declaro un incendio en la sala de incubadoras donde me
encontraba que obligo a desalojar el Hospital y una anciana que curioseaba
la labor de los bomberos resulto herida en la pata izquierda de su andador.
Todo esto, como comprenderéis, me lo relato mi padre Miguel años
más tarde desde la silla de ruedas. Silla de ruedas en la que se encontraba
postrado desde aquella vez que resbaló con los restos de un potito de frutas
que yo había derramado.
Mi madre por el contrario nunca me contó nada y es que durante el
parto sufrió una embolia que la mantenía en estado semivegetativo.
Con estos antecedentes no es de extrañar por tanto que con cuarenta
años recién cumplidos mi vida hubiera sido un cumulo de desgracias, un canto a
la fatalidad, una suma de desdichas encadenadas.
Aun recuerdo mi paso por primaria.
En el colegio donde estudie tenían la costumbre de sentarnos por
orden de apellidos, en mi caso Zurro Zurutuza, es decir, al fondo de la clase.
Aquello me obligo durante años a forzar la vista sobremanera para
ver lo que escribía el profesor en la pizarra y derivo sin remedio en una
miopía galopante que ya en tercero de primaria me hacia lucir unas horrorosas
gafas de pasta. No paso desapercibido aquel pequeño detalle por mis apreciados
compañeros los cuales me bautizaron rápidamente como “Zurrutato el Cegato”,
apodo que aun hoy me acompaña.
La secundaria no fue mejor y a las gafas se sumaron un profuso
acné juvenil y una incipiente pelusilla que coronaba mi labio superior y
acampaba en el inferior.
Esto, acompañado de un exceso de celo en el ejercicio de sus
funciones por parte de mis glándulas sudoríparas, hacían de mí, por llamarlo de
alguna forma, un espécimen inclasificable y poco deseable para mis
hormoexcitadas compañeras de clase.
Por suerte nunca me fallo mi amigo Onanismo, el cual mitigaba
considerablemente mis cada vez más habituales poluciones nocturnas.
Pero no ahondare mas en aquella parte de mi vida ni en lo que
vino después, pasare sin más preámbulos a narrar el extraño giro que mi vida ha
sufrido en los últimos días.
Porque cuando la mala estrella es el elemento primordial alrededor
del cual gira tu vida, puedes esperar cualquier cosa excepto que el azar te
sonría en forma de un escandaloso premio en metálico.
Concretamente, ciento cincuenta millones de euros que crecen desde
hace varias semanas en una cuenta abierta expresamente por mí ahora amigo
Botín a tal efecto.
Aunque si algo ha aumentado de forma exponencial desde entonces,
estos han sido mis escasos amigos reducidos durante años a solo uno, el citado
Onanismo. En unos pocos días se multiplicaron por cientos, nacidos milagrosamente
por generación espontanea, mitosis, esporulación, gemación, bipartición o
estolonización. Incluso por polinización sospecho.
Muchos, si, aunque hay que reconocerles su gran labor a la hora de
pelotearme, adularme, darme coba y lamerme el culo. Magníficos profesionales
todos sin duda. Incluidos los numerosos tíos, tías y primos hermanos que
desconocía tener hasta la fecha.
Igualmente ha ocurrido con la presencia del sexo femenino en mi
vida. Reducida hasta ahora a una relación sexoeroticaudiovisual muy mal vista
por la SGAE al ser su principal proveedor EMULE, disfruto en estos momentos sin
embargo de una nutrida corte siliconada a mi alrededor que nada tiene que
envidiar, salvando las distancias, a la que pueda tener mi admirado Hugh
Hefner, o lo que es lo mismo el propietario de la Mansión Playboy.
Las chicas son muy agradecidas, la verdad, pero si alguien está
realmente agradecida con este nuevo aspecto de mi vida desconocido hasta ahora
excepto por algún sábado noche, muy pocos, con whiskys a quince euros y
champan a treinta, esa es sin duda mi mano derecha, la cual ha mejorado
ostensiblemente de su tendinitis crónica.
Parecía ir todo bien… amigos, mujeres, dinero…. hasta que recibí
una llamada no esperada de un número oculto.
- ¿El Sr. Zurutuza?
- Si -conteste- Zurro Zurutuza, yo mismo.
- Sr. Zurutuza, escuche atentamente lo que voy a decirle, no lo
repetiré dos veces. Sabemos donde vive, sabemos donde viven sus padres, también
sabemos la matricula de todos sus coches, sus motos, sus barcos, sus patinetes
eléctricos y hasta sabemos la marca de los bóxers que usa, así que no me
interrumpa y sobre todo no olvide nada de lo que le voy a decir.
El tono de mi interlocutor no era precisamente amigable, por lo
que aunque mi primer impulso fue tomarle a broma y despacharlo con algún
chascarrillo, finalmente preferí permanecer a la escucha para comprobar hasta
qué punto aquello era algo serio y no fruto de algún estúpido bromista.
- ¿Me ha entendido bien, Sr. Zurutuza?
- Claro, claro, soy todo oídos –respondí con algo de sorna-
- Estupendo, muy inteligente por su parte. Iré al grano, sin rodeos.
Queremos cinco millones de euros, ni un céntimo más, ni un céntimo menos y los
queremos ya. Le haremos llegar una cuenta bancaria, no se preocupe como pero
le llegara y en cuarenta y ocho horas queremos ver el dinero en la misma. De
lo contrario mataremos y secuestraremos a sus padres. ¿O es al contrario?
Bueno, es igual, ¿ha entendido lo que le digo?
Aquella amenaza no sonaba nada bien, pero tampoco podía dar
crédito a alguien que se atrevía a pedirme cinco millones de euros mediante una
llamada a mi móvil.
- Perfectamente, pero siento decirle que está perdiendo el tiempo.
No pediré nada de lo que haga. ¿O era al revés? Bueno, es igual, que pase usted
un buen día Sr. Anónimo.
Y sin darle tiempo a nada más, colgué.
Pasaron un par de días tras esto y cuando prácticamente lo había
olvidado, una nueva llamada interrumpió el baño que junto a dos rubias
despampanantes me daba en el jacuzzi de mi magnifica mansión.
- Un momento chicas. Continuad sin mí. O mejor, empezad sin mí que
ahora vuelvo, jejeje – les dije mientras las miraba con ojos inyectados en
lujuria-.
Molesto por la interrupción conteste de mala gana.
- ¿Quién cojones es?
- Sr. Zurutuza, ya le advertí lo que ocurriría si se negaba a
nuestras peticiones.
- Mire, ya me está cansando con sus gilipolleces, no vuelva a llamar
o avisare a la policía.
- ¿Gilipolleces? ¿Le parece una gilipollez que tengamos en estos
momentos a sus padres secuestrados?
- No creo nada de lo que me dice, no pierda mas su tiempo y no me lo
haga perder a mí.
- Pues si no me cree, no le importara que le partamos las piernas a
su padre. Escuche por favor. – Ayyy, ayyy, ayyyy, ahhhh, ahhhh -. ¿Quiere que
continuemos con su madre?, preste atención. – Aaaaaahhh, Ayyyyy- . ¿Sigue
creyendo que mentimos?, ¿o es que no le importan sus padres?
- Maldito capullo, mi padre es inválido y le pasa como a Rambo, que
no siente las piernas. Por otra parte, mi madre no habla desde mi nacimiento,
es como una lechuga con patas. Además a ambos los metí en un asilo en cuanto
cobre el premio. ¿Me oye, imbécil?
Pipipipipipipipipi…. Como era de esperar aquel intento de
estafador corto la comunicación.
Era evidente que mi nueva posición económica aconsejaba aumentar
mi seguridad. Lo que había ocurrido era obra de algún pobre desgraciado, pero
no adivinaba entonces que lo realmente serio estaba por llegar.
Algo comprensible por otra parte considerando que me había convertido
en lo que en mi pueblo llaman un “pobre harto de pan”.
Esto es; un gilipollas integral.
Olvidando los malos ratos vividos cuando nadie me llamaba “Don”, encontré
una particular satisfacción en joder la vida de todos los que me rodeaban.
Principalmente de aquellos que trabajaban para mí.
A mi chófer Benito Camela le obligaba a pasear mi chihuahua en
el Ferrari a altísimas horas de la madrugada y vestido con un uniforme, tan
ridículo y denigrante que daba vergüenza ajena.
A las limpiadoras, Dolores Fuertes y Lola Mento, les pisoteaba el
suelo recién limpio además de mearme fuera de la taza diariamente.
A mi cocinera, Paca Garla, le cambiaba el azúcar por la sal y el
aceite por el vinagre, obligándola además a limpiar a diario la vajilla de
plata que nunca usaba.
Y a todos, sin excepción, los trataba con la punta del pie
llegando incluso a hacerlos llorar.
No es de extrañar por tanto, que aquella mañana despertara atado
de pies y manos a mi inmensa cama de agua y rodeado de todos mis empleados
Supongo, por el fuerte dolor de cabeza que tenia, que la noche
anterior debieron drogarme durante la cena para poder hacerlo mientras dormía.
El escenario no presagio nada bueno. El que parecía el cabecilla
de aquel motín, mi chófer Benito Camela, llevaba en sus mano derecha una barra
de hierro con la que no dejaba de darse golpecitos amenazadores en la
izquierda. Las limpiadoras, a su lado, portaban sendas botellas de lejía. Paca
Garla, la cocinera, blandía un gran cuchillo carnicero.
-
¡Pero
qué cojones estáis haciendo!, - les grite -.
Sin darme tiempo a decir nada mas Benito introdujo un pañuelo en mi
boca tapándomela con cinta adhesiva.
-
Bien,
desgraciado, - me dijo - , ahora nos va a escuchar muy atentamente.
Y tanto, estaba aterrado y no podía emitir sonido alguno, como
para no
hacerlo.
-
En
los últimos meses – continuó - no ha
parado de hacernos la vida imposible a todos, pero eso se acabo. “Zurrutato el
Cegato”, o sea usted, saco de mierda, no volverá a joder a nadie.
Lo último que
recuerdo de aquel día es como levantaba la barra de hierro sobre mi cabeza,
como bajaba, y…. y nada más.
Ahora paso el
tiempo junto a mis padres.
A mi derecha,
mi progenitor. No puede andar pero la boca le funciona perfectamente y se
pasa las horas insultándome y echándome en cara haberlo metido en esta
residencia para quitármelo de en medio.
A la
izquierda, mi madre. Ella no puede hablar pero mantiene fija en mí todo el día
una mirada que hiela la sangre.
En el centro
sin poder moverme de cuello para abajo, ni hablar, estoy yo. Supongo que mi
dinero ayudara a mantenerme con vida y atado a esta maldita cama, muchos años.
Hasta en eso me acompañara mi mala estrella siempre.
Y es que como dije al principio, es un hecho contrastado que
algunos nacen con una flor en el culo y otros como es mi caso tenemos por
flor un cardo.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Juguetes rotos
La famélica sombra abandonó las sabanas de seda para
acercarse hasta la ventana de su habitación de hotel. Estiro su estilizado cuello
e inspiro profundamente en busca de una bocanada de aire fresco que llevar a sus
jóvenes pero nicotinados pulmones.
Estos, poco
acostumbrados, se quejaron con un acceso de tos que consiguió hacerle asomar
alguna lagrima a sus ojos color almendra, aunque rápidamente las enjuago con el
dorso de sus cuidadas manos, tiznando de rímel su cara.
Al fondo de la gran avenida, de otra gran ciudad más, pudo
ver como varias chicas jóvenes charlaban animadamente ajenas a todo lo que les
rodeaba.
Podían pasar perfectamente por las compañeras de la
universidad que abandono prematuramente.
Las mismas que suponía seguían estudiando, las mismas con
las que cada tarde bajaba hasta el parque para hablar sobre que chico le
gustaba a quien, sobre cuál de ellas había sido la primera en convertirse en
mujer, sobre lo complicado que era entender a unos padres tan antiguos y
estrictos.
Sonrió al recordar todo aquello, y mecánicamente tomo entre
sus dedos una porción de la cocaína que había conseguido el día anterior.
La esnifó antes de ir al baño para vomitar lo que acaba de
comer, tal como acostumbraba. Era parte de su rutina diaria. Nada nuevo, excepto
por el pequeño hilillo de sangre que corrió por su nariz hasta ser arrastrado
por el agua de la ducha que empezó a tomar.
Mientras recorría su cuerpo, aun pegajoso por el semen del
desconocido que dormía en su cama, noto que algunos de sus huesos empezaban a
ser demasiado evidentes. Los pechos, antes llenos, estaban ahora rodeados por
costillas que marcaban su escote. Su cintura era tremendamente afilada y casi
carente de carne. Aquello era perfecto, justo lo que le exigían.
Pero ya nada tenía que ver con aquella chica que atrajo la
atención de un cazatalentos mientras paseaba por las calles de Madrid.
Desde entonces todo había transcurrido demasiado rápido, como un huracán descontrolado que arrasa todo a su paso.
Solo sabía que casi a diario tomaba aviones y despertaba en
ciudades diferentes, que firmaba autógrafos a desconocidos, que atendía ruedas de prensa y desfilaba en
pasarelas junto a chicas que, como ella, no superaban la talla 36. Que sus
mejores amigas eran ahora las drogas y el dinero. Que estaba realmente sola.
Solo sabía que a sus 19 años se había convertido en una
marioneta cuyos hilos movían otros a su antojo, un juguete roto obligado a sonreír.
Dejo caer sobre la cornisa la toalla que cubría su cuerpo y,
con la cara lavada, sin maquillaje ni joyas, dio su último paso hacia la pasarela etérea que la esperaba.
jueves, 26 de abril de 2012
La estación
Durante meses había podido verla en el mismo lugar.
La señora estaba siempre sentada junto a la escalera mecánica,
con sus rodillas pegadas a la cristalera que, desde lo más alto de la estación,
nos separaba de los trenes que abajo en las vías iban y venían continuamente.
Con la mirada fija al frente, sin inmutarse ante el
constante trasiego de viajeros que pasaban a su lado ignorando su presencia.
La primera vez que la vi no le preste demasiada atención. Al
fin y al cabo solo era una persona mayor que utilizaba su tacatá para descansar
mientras, suponía, esperaba su tren.
Y es que yo siempre acababa bajando al andén, en busca de mi vagón, mientras ella se
quedaba allí.
Pero con el paso de los días mi curiosidad por aquella mujer
se incremento, y mi mente empezó a formar historias unas veces alocadas, otras
sin sentido, sobre el motivo de su estancia en aquel sitio. Justo en aquel
sitio, ni un centímetro más a su derecha o izquierda, hacia delante o atrás,
siempre el andador perfectamente alineado en las mismas baldosas.
Un día, obsesionado con ello, decidí perder mi tren con la
esperanza de comprobar que la llevaba hasta aquel mirador de historias.
Durante un buen rato no paso nada. Ella continuaba allí, la
vista fija, inmóvil.
Hasta que de repente observe como giraba su cabeza hacia la
escalera mecánica a su izquierda.
Como un resorte me levante del asiento en que me situaba tras
ella para poder ver lo que había despertado su atención. Nada, en ese momento
la escalera estaba vacía, no había nada, ni nadie.
.
Aunque ella parecía seguir con su mirada alguien, o algo,
que subía hasta allí.
Y fue justo cuando su cabeza paro de seguir aquello que yo
no veía, pero que ya estaba junto a ella, cuando la vi sonreír.
Levanto sus manos en un abrazo lleno de amor, se fundió en
un largo beso inundado por lágrimas, y aunque con dificultad por el ruido que un cercanías
formaba a su llegada, puede escucharla claramente decir… “Miguel”.
Tras esto, se levanto poco a poco, y parsimoniosamente
arrastro su andador hasta salir de la estación.
Perdi el tren durante tres días más, y en ellos siempre ocurrió
lo mismo. Como si de una coreografía se tratara.
Pense que la demencia senil había
hecho mella en aquel frágil cuerpo, y decidí olvidarme del tema.
Pero hoy, la señora no está allí, las baldosas no están
ocupadas y no hay rodillas que choquen con la cristalera.
Me monto en mi tren preguntándome que habrá sido de ella, y entonces
un revisor se acerca hasta mí para pedirme el billete.
Se lo doy, pero no puedo evitar preguntarle.
- Perdone, no quisiera molestarle, pero supongo que también
usted habrá visto la señora que todos los días se sienta en su tacatá, justo arriba.
Hoy no se encuentra y me preguntaba que ha podido ocurrirle.
- ¿La Señora María? Hace meses que murió.
- Disculpe, creo que no hablamos de la misma persona. Es
una señora muy mayor que aprovecha su andador para descansar.
- Señor, esta señora la conocíamos todos los que trabajamos aquí,
y murió hace varios meses en el mismo lugar donde esperaba diariamente a su
novio de toda la vida, Miguel, el cual hace muchisimos años que marcho en un tren y nunca volvió.
No tiene más que hablar con cualquiera de mis compañeros y se lo confirmara, es
una historia muy triste. Tome usted su billete
.
Mientras el revisor se aleja tengo una sensación rara, de
desasosiego. Me cuesta respirar mientras hilo los detalles… Las mismas baldosas ocupadas, los mismos
gestos siempre, el mismo tono de voz, las cientos de personas que pasaban a su
lado sin mirarla…
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